"Babilonia y Nínive eran de ladrillo. Toda Atenas era de doradas columnas de mármol. Roma reposaba en anchos arcos de mampostería. En Constantinopla los minaretes llamean como enormes cirios en torno del Cuerno de Oro... Acero, vidrio, baldosas, hormigón, serán los materiales de los rascacielos. Apilados en la estrecha isla, edificios de mil ventanas surgirán resplandecientes, pirámide sobre pirámide, blancas nubes encima de la tormenta."


John Dos Passos. Manhattan Transfer























































sábado, 22 de octubre de 2011

El personaje más ilustre de Brooklyn (II)

LeUyen Pham, "Barnum’s elephants crossing the Brooklyn Bridge," from the book Twenty-One Elephants (text by Phil Bildner; Simon & Schuster Children's Publishing, 2004) Watercolor 
El puente de Brooklyn es un puente de suspensión. Roebling había estado en Europa. Conocía los puentes de herencia romana que alternaban arcos y pilares, pero construir algo así no tenía sentido en el East river: era demasiado ancho y además bloquearía el tráfico de barcos. Pudo inspirarse sin embargo en el puente de Londres: dos inmensas torres que sostenían el tablero con la ayuda de cables permitiendo el paso a las embarcaciones. Dado el gran tamaño del río, unas torres lo suficientemente altas evitaban tener que hacerlo levadizo.

La primera tarea de Washington fue levantar esas torres. No lo hizo solo. Decenas de obreros bajaban cada día a trabajar en los caissons o pozos de cimentación, unos habitáculos de madera que aislaban el agua y permitían trabajar en su interior para sacar el lodo con el objetivo de encontrar la roca que sostendría las torres. Con todo el lodo fuera, los caissons se llenarían de cemento y conformarían la base de las mismas. Los caissons estaban ventilados, pero el brusco cambio de presión que sufrían los trabajadores les provocaba una enfermedad desconocida hasta el momento: el síndrome de descompresión, que afecta con frecuencia a los buzos.

Sacar el lodo de los caissons fue el proceso más trabajoso de la construcción del puente. Una vez se desató un incendio en el interior de uno de ellos. Numerosos trabajadores acabaron con el síndrome intentando sofocarlo, incluído Washington. Para el momento en que el ingeniero consiguió extinguir el incendio permitiendo el paso del agua al interior del cajón, ya había subido y bajado tantas veces del fondo a la superficie que el síndrome le había afectado de lleno. El ingeniero tuvo que dirigir el resto de las obras postrado en la cama, siguiéndolas a través de unos prismáticos. Emily, su esposa, tomaría el testigo, primero como mensajera, después como una ingeniera más.

En el caisson del lado de Brooklyn se tocó roca a los 13 metros, en el del lado de Manhattan cavaban y cavaban pero nunca llegaron a encontrar roca sólida, solamente una grava concentrada que Roebling consideró suficientemente estable cuando alcanzaron los 23 metros.Por fin hechos los cimientos comenzaron a elevar las torres. La gente estaba emocionada, miles de personas se agolpaban a orillas del río para ver las obras. En la segunda mitad del siglo XIX ésta no era aún la ciudad de los rascacielos. La altura máxima era de cinco pisos, y las torres alcanzaron los 25.

Acabadas las torres vinieron los cables, fabricados precisamente por la empresa de hacer cables de los Roebling. Se utilizaron más de 5.600 kilómetros de cables, suficientes para llegar de Nueva York a Madrid poniéndolos todos seguidos. Esta fue la primera vez que se utilizaron cables de acero en un puente en suspensión. Para colocarlos se contrató a marineros, acostumbrados a trabajar con cuerdas a grandes alturas en los mástiles de los barcos.

Ya sólo quedaba el tablero. Mientras construían el bueno los trabajadores tenían uno provisional. A estas alturas el puente se había hecho tan popular que venían a verlo los turistas, así que abrieron el paso provisional al público. Sin embargo la gente nunca antes había estado en una estructura tan alta, había desmayos y mareos, se volvió perligroso, y finalmente tuvieron que volver a cerrarlo.

Tras 14 años de obras, los accidentes de sus dos ingenieros, la muerte de 20 trabajadores, los 1,8 kilómetros de puente de Brooklyn fueron inagurado el 24 de mayo de 1883. Los negocios, las tiendas en incluso los colegios pararon para recibir al presidente de los Estados Unidos y sus 14,000 invitados . Emily Roebling fue la primera en cruzarlo. No sé si lo hizo en carruaje o a caballo, pero llevaba un pollo en su regazo como símbolo de victoria por haber culminado la obra. Hasta 1910, cruzar el puente costaba un penique.

The Brooklyn Bridge and South Street Seaport in 1900. (Photo by Library of Congress, Prints and Photographs Division, Detroit Publishing Company Collection, LC-D4-90107.)


En 1884, el señor Barnum, que por entonces era dueño de un circo y que también 'regentó' un inquietante museo en Manhattan, paseó por el puente a 21 elefantes para demostrar que era seguro, no sé si ellos también pagaron los peniques...

Esta interesantísima e instructiva entrada no hubiera sido posible sin el libro 'The Brooklyn Bridge' de Elisabeth Mann y la web nyc.roads.com, buenísimas fuentes!

jueves, 20 de octubre de 2011

El personaje más ilustre de Brooklyn (I)

Cuando escuchas la palabra Brooklyn la primera imagen que te viene a la cabeza suele ser la de su famoso puente (también podría ser la de un brownstone, o qué se yo, si se os ocurre alguna más ponerla en los comentarios por favor).

Llevo un año viéndolo casi cada mañana y nunca deja de impresionarme, es una de las vistas más afortunadas de la ciudad. Cuando  el Q o el N cruzan el East River por el puente de Manhattan, el Brooklyn Bridge aparece recortado sobre los rascacielos del Financial District desde un punto de vista que recuerda a los traveling que salen en el comienzo las películas.
Allí está siempre, majestuoso e impasible llueva, nieve o haga sol, enmarcando los atardeceres naranjas de en las tardes de verano, asomando sus luces entre el vaho de los cristales del metro en las tardes de invierno que empiezan a las cinco y duran meses y meses.

Como no podía ser menos, la historia de este puente es tan fascinante como su apariencia. Cansado de chocar contra los trozos de hielo que flotaban por el río en los viajes invernales del ferry, John Roebling decidió que las ciudades de Brooklyn y Nueva York, localidades independientes por entonces, necesitaban un puente que las uniera, y que él sería quien lo hiciera. El ingeniero empezó a buscar apoyo económico para construirlo, pero no le fue fácil, los magnates neoyorkinos de mediados del XIX no creían que fuese posible hacer una obra de tal calibre...Hasta que la gran nevada de 1867 les hizo cambiar de parecer  cuando congeló por completo el río paralizando por completo las comunicaciones durante días. 

John Roebling tenía todo listo para comenzar las obras, sólo le faltaba encontrar el punto exacto en el que situar la construcción. En ello estaba la tarde en que tuvo el accidente. Acompañado de su hijo Washington, John obserbava el terreno a través de sus prismáticos desde el embarcadero de Brooklyn cuando el ferry chocó contra su pie destrozándolo por completo. Una infección en la herida le causó la muerte tan sólo un mes más tarde. Profundamente apenado por la muerte de su padre, Washington Roebling tomó el testigo y se hizo cargo de las obras.


¿Qué es lo que hace al puente de Brooklyn tan especial? Os lo cuento mañana que hoy estoy muerta de hambre y además aún queda mucha tela que cortar y no quiero robaros más tiempo...

jueves, 13 de octubre de 2011

En Brooklyn como en casa

Volviendo para casa me he parado con unos chicos judíos que, tras preguntarme si era judía, me han invitado a hacer una oración de Sukkot. Sukkot es la fiesta que conmemora la huída del pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto y celebra su unidad como pueblo.
Entoncés me vino a la cabeza lo fácil que puede llegar a ser a veces sentirse parte de esta ciudad, identificarse con ella. Ojalá fuera así siempre... En especial me pasa con Brooklyn, creo que por eso me siento tan agusto viviendo aquí.
El caso es que pensaba en las cosas que de alguna manera u otra comparto con este lugar: medio judía por mi abuela materna, donde vive una de las comunidades hebreas más grandes del mundo; de habla española, igual que la enorme comunidad latina que aquí vive, y de la que ahora formo parte; y aunque dejé de practicarlo, alguna vez fui católica, una religión que nunca ha sido la dominante en los Estados Unidos, de mayoría protestante, pero que miles de italianos e irlandeses trajeron precisamente a Brooklyn.
En fin, aquí paran las coincidencias, lo demás es un proceso de asimilación que no acaba nunca! Y en ello sigo, las prácticas en la Brooklyn Historical Society me están ayudando mucho...Pero bueno, eso irá en otro capítulo.
MM