"Babilonia y Nínive eran de ladrillo. Toda Atenas era de doradas columnas de mármol. Roma reposaba en anchos arcos de mampostería. En Constantinopla los minaretes llamean como enormes cirios en torno del Cuerno de Oro... Acero, vidrio, baldosas, hormigón, serán los materiales de los rascacielos. Apilados en la estrecha isla, edificios de mil ventanas surgirán resplandecientes, pirámide sobre pirámide, blancas nubes encima de la tormenta."


John Dos Passos. Manhattan Transfer























































sábado, 4 de febrero de 2012

Education as a Human Right. Conferencia en las Naciones Unidas




Si hay algo que define a Fulbright como uno de los mejores programas de intercambio académico es su precupación por ofrecer a sus participantes la posibilidad de completar su formación universitaria con actividades extraordinarias que estimulan una cualidad especialmente valorada por la organización al seleccionar a los candidatos: su preocupación por el mundo que les rodea.
Ayer tuve el honor de poder asistir a través de Fulbright a la conferencia ‘La educación es un derecho humano’, organizada por el Comité de Enseñanza de las Naciones Unidas en la sede de la ONU en Manhattan. Allí, expertos internacionales de diversas agencias y organizaciones hablaron y reflexionaron sobre los logros y los retos de la educación en el mundo, un aspecto tan relevante para la vida de las personas, como denostado por los gobiernos e instituciones que las lideran.
El foco principal fueron los países en vías de desarrollo, aunque también estuvo presente la la educación pública de calidad y universal en los países desarrollados, situada bajo una constante amenaza en estos tiempos de crisis.
La web de la conferencia cita unas palabras del antiguo secretario general de la ONU, Kofi Annan, en las que dice que la educación es un derecho humano con un inmenso poder de trasformar ya que en sus cimientos descansan las piedras angulares de la libertad, la democracia y el desarrollo humano.
Por esta razón la educación figura entre los temas claves de los Objetivos del Milenio que los gobiernos firmaron en 2000 con la intención de fijar unas metas verosímiles y factibles para acabar con la pobreza extrema en 2015, así como en la agenda de planes de acción para los próximos 5 años de Ban Ki Moon al frente de la ONU.
Desgraciadamente ya es una realidad que los Objetivos del Milenio no se van a cumplir para la fecha indicada, a pesar de que se sabe que una educación accesible y de calidad es fundamental para paliar las desigualdades que cimentan el mundo globalizado. A día de hoy hay 69 millones de niños fuera de los colegios. La buena noticia es que en 2000 esa cifra ascendía a 100. Esto quiere decir que se han conseguido cosas, a pesar de que 2 de cada 3 niños lo dejan antes de terminar, y de que las niñas lo tienen más complicado en muchos lugares.
El representante permanente de la ONU por Bangladesh, Abdul Momen, comentó los esfuerzos de su país por transformar la situación. Habló de una iniciativa que consiste en pagar $1.27 a las familias con niñas, y $1.25 a las familias con niños con el fin de que los padres los manden a la escuela en lugar de a trabajar. El pago se realiza bajo unos requisitos: que no casen a las niñas con menos de 18 años, una asistencia a clase del 70% y buenos resultados académicos. Es una buena idea pero no acaba de ser suficiente, la causa es la de siempre, no hay dinero. A mediodía a los niños les entra hambre y se van, en muchas zonas rurales los profesores no pueden llegar a la escuela, eso cuando los hay.


La falta de fondos dedicados a la educación fue un tema recurrente a lo largo de toda la conferencia. Es impresionante la contradicción entre la importancia de la educación para acabar con la guerra y la pobreza y la disparidad en las cifras de los presupuestos de educación en comparación con defensa. Los números invertidos en la guerra de Afganistán son infinitamente mayores a los invertidos en programas educativos. ¿Será posible acabar así con la guerra? Hablando de guerra y paz, la cuestión que planteó un estudiante palestino dejó a muchos sin palabras: ¿Cómo educo por la paz a los niños de mi tierra, a niños que viven injustamente entre muros de cemento, que han visto morir a familiares en una guerra interminable?  Sólo pudo responder a esta pregunta la gran activista Cora Weiss, presidenta de la organización Hague Appeal for Peace. "Si el mundo ha sido capaz de abolir la esclavitud, el colonialismo, el apartheid, la prohibición del sufragio a la mujer…¿Por qué no va a ser capaz de terminar con la guerra?" Para ello, Weiss señalaba a la sociedad civil como principal agente del cambio, y a los educadores como uno de sus motores. Ya lo dicen las tres WWW: World Without War.

¿Dónde radica la importancia de la educación? ¿Por qué esa insistencia en que sea accesible, universal y de calidad? ¿De dónde viene esta obsesión? El óptimo funcionamiento del sistema democrático depende de la participación responsable por parte de todos los miembros de la sociedad. Se entiende que ciudadan@s mejor formados cuentan con las herramientas necesarias para decidir con sensatez a la hora de elegir a sus líderes y evitar repetir y perpetuar desafortunados errores. En ello estamos.
Para conseguirlo se necesitan buenos maestros, profesores bien pagados, motivados y bien formados, capaces de enseñar a pensar. De nada sirve tener las escuelas llenas de estudiantes que no están aprendiendo nada, o que no están aprendiendo bien. La complejidad del mundo actual requiere personas curiosas, creativas y con espíritu crítico. Esto no es algo que se consiga poniendo a niños y jóvenes a memorizar datos para pasar exámenes cuyas cifras se utilizan para medir los resultados del dinero invertido. Si la democracia está basada en la participación ciudadana, es necesario pues educar a l@s ciudadan@s en dicha participación.
¿Pero cómo se puede cambiar esto cuando los gobiernos distribuyen sus fondos en base a los resultados de los exámenes, o cuando asignaturas fundamentales para desarrollar la creatividad y el espíritu crítico como las artes y las humanidades van perdiendo más y más peso en el currículum? Por fortuna todavía hay gente que creemos en esto y estamos dispuestos a pelear por ello.

1 comentario:

  1. Hola
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